Empecemos, yo tengo un hermano, aunque mucha gente no lo sepa y no me extraña, puesto que yo me enteré de su existencia cuando tenía trece años. Se llama Pablo y hace poco volvió "del Brasil". Mi padre y yo habíamos quedado con él y con su madre en una cafetería cerca de su casa. Cuando llegaron vi que Pablo traía unas cuantas bolsas y no me equivoqué en cuanto al contenido de la que más me llamaba la atención, pues ¿Qué otra cosa podía contener una bolsa dorada?. Así fue, Pablo me extendió la mano con una bolsa dorada más pequeña que había sacado de la grande, al igual que a mi padre y otra más para mi hermana pequeña que no estubo presente esa tarde.
" Toma, esto es para ti " me dijo. Observé delante de todos con atención y entusiasmo mi regalo y lo desenvolví. Sabía que un hermano mío no podía equivocarse, me trajo algo nativo de Brasil, no un balón de fútbol, ni nada con ambiente tropical y festivo, tampoco me trajo una camiseta "Quick Silver" de las que fabrican allí y las compran a la fábrica por once euros cuando aquí nos las venden a cincuenta. Me trajo algo de lo que presumía no acordarse del nombre, lo cogí con mis dos manos y delante de todos me detuve a observarlo. Era una especie de maraca con plumas, si, una maraca con plumas, hecha con una calabaza con unos dibujos extraños y semillas dentro, un palito muy fino, ligero y de apariencia frágil, atado al final con un cordel. Era precioso
Precioso, pero no precioso por ser lo que es para alguien como yo, que vive en una gran ciudad y piensa que estos "adornos" sólo están para ocupar espacio, ni porque me guste su forma o su color (que me gustan) ni tampoco por ser un objeto único (ya que artesanalmente no hay dos objetos iguales) portador de tradiciones ancestrales y tener la clásica belleza de la artesanía nativa de cualquier región de este mundo. Mi hermano me contó su origen, lo compró en un mercadillo al cual llegó de casualidad en un pueblecito perdido, lo fabrican las gentes del nordeste, la zona más pobre de Brasil, seguramente los pocos artesanos pobres que queden y lo venden cuando emigran a otras tierras (tampoco más prosperas) ....¿Pero a quién?....
Pues a otros pobres, he aquí le verdadera belleza, no lo venden a la gente de ciudad por hacer negocio, no se lo vendieron a mi hermano por ser un turista con dinero, ni lo venden para enriquecerse, pues se lo venden a otra gente de pueblos también pobres que no tienen mucho dinero. ¿Por qué?, me pregunto yo, he vivido toda una vida en un mundo en el que pensaba que los que vendían, buscaban gente que compraran sus productos por necesidad (el óptimo consumidor), porque de alguna manera u otra les es necesario, la ropa es para dar imagen, la comida, pues es obvio, la música, porque te encanta y es uno de los mayores artes que el hombre ha inventado jamás (y hace dinero). Pero la verdad, no creo que esas pobres gentes se puedan comer estas maracas, ni que sea la última moda en los pueblos pobres de Brasil, ni porque el arenoso ruido de estas esté entre los Nº1 de la música de brasileña. Y además no creo que les sobre el dinero para "adornos". ¿Por qué entonces?
Puede ser que para fiestas o rituales tradicionales se use este objeto, pero aún así, no es la mejor manera de hacer negocio, ni los pobres el mejor cliente. ¿Por qué lo venden? pues no lo sé exactamente, es un objeto que no tiene apenas valor de dinero, pero es valioso en sí, es un objeto que lo han hecho unas manos humildes, con un fin humilde...." Cómpralo y ayúdame", parece que dice cuando lo agitas, es bello porque está completamente fuera de toda imagen de producto que yo antes tenía en mente, es bello porque no es un objeto que se venda como se vende el resto de cosas. Aquí en Madrid me parece que no existe lugar en el que podamos comprar un objeto como ese.
Es bello porque estamos ante un objeto de otro mundo. Y no por lo que es, sino por como se vende, aquí no podemos comprar nada así, y ya lo había intentado antes una vez que fui a una feria medieval (pero no era lo mismo) y todavía no alcanzo a comprender del todo el verdadero significado de todo esto, ni porque los otros pobres lo compran, es posible que aquella gente que no tiene nada, ha aprendido a ver una belleza especial, la cual se resiste a nuestra percepción en esta sociedad de consumo, aunque nos hace mucha falta, quizá sea la belleza en símbolo de la humildad, del entendimiento mutuo entre los que nada tienen y nada quieren tener que no sea para poder seguir viendo estas cosas, estas bellezas (seguro que hay otras muchas más), quizá sea signo de algún carácter religioso o místico, pero eso no le resta nada pues aquí tampoco el pobre le veden cruces a otro pobre para que le de suerte. (Como mucho lo demandan por venta ambulante sin licencia) y si en algún lugar de mi país se hace esto yo todavía no lo he visto, siempre vivimos ciegos a estas cosas, ha estas buenas cosas que nuestra sociedad poco a poco olvida, a estas bellezas ocultas que sólo ven la gente que ya no tiene otro sitio a donde mirar. Y que probablemente, al igual que el nombre de esta curiosa maraca con plumas, yo nunca tenga el privilegio de conocer.
Mira sus ojos.
PD: Más historias seguirán, pues la tarde con mi hermano mayor fue larga.
Un abrazo a todos los que tanto creen tener y al mismo tiempo tanto creen necesitar.
Un abrazo a todos los que tanto creen tener y al mismo tiempo tanto creen necesitar.


Me has llegado realemente al corazón;ha sido una lectura muy agradable en la que las sonrisas se escapaban entre medias de las reflexiones.
ResponderEliminarQuizá lo que esa gente compra sea una parte de su cultura que les hace sonreir cuando lo agitan, y olvidarse de si son pobres o si comprándolo ayudan al vendedor porque también es pobre.
Vivimos ciegos a estas cosas dices.... "Lo esencial es invisible a los ojos" Dice en un libro que hace tiempo te recomendé ^^.
Estas cosas, a su manera también existen en nuestro país, si a mí se me olvida (como seguro ocurrirá) pídeme que te hable de la gran Mapi.
Gran texto en serio, espero leer muchos más ;)